Las playas son ecosistemas sujetos a cambios repetidos debido a su ubicación en la transición entre el mar y la tierra.

En la actualidad, el 2% de la superficie terrestre se encuentra a menos de 10 metros sobre el nivel del mar, y, sin embargo, es ahí donde se concentra alrededor de la quinta parte de la población mundial. Diversas actividades económicas se desarrollan en esta estrecha franja, pero el turismo es, por mucho, la más frecuente, ya que la costa es uno de los destinos preferidos para vacacionar.

El turismo requiere del desarrollo de mucha infraestructura, como hoteles, marinas, medios de comunicación y centro comerciales, además de todas las necesidades para los habitantes permanentes de los centros turísticos. Así, conforme aumentan las actividades turísticas en la playa y se urbaniza la costa, gradualmente los ecosistemas naturales se transforman y degradan.

¿Qué pasa cuando las playas se quedan sin sus plantas originales?

De manera natural, la arena de estos ambientes se mueve, acumulándose en unas zonas y perdiéndose en otras. De esta forma, la línea de costa avance hacia el continente o hacia el mar. Es decir, gracias a su dinamismo, las playas se pueden volver más estrechas o más anchas de manera cíclica o continua.

Al estar expuestas a la interacción constante entre el agua y el viento, las plantas se convierten en un factor fundamental en la dinámica de la playa. Funcionan como obstáculos o barreras que disminuyen la velocidad del viento y promueven la acumulación de arena, formando así las dunas costeras. Esta arena retenida permite le regeneración de las playas después de los diversos procesos erosivos a los que están expuestas.

Por otro lado, también se ha observado, que durante las tormentas, tanto en condiciones naturales como en experimentos de laboratorio, la erosión es mucho menor cuando las playas tienen plantas y dunas. La presencia de plantas en las playas permite que por un lado, haya arena suficiente para recuperarse después de los eventos de erosión, y por otro, que la erosión disminuya.

Sin plantas será mucho más vulnerable a la erosión por las tormentas, que una con dunas y plantas. Esta información es importante sobre todo pensando en los escenarios de cambio climático e incremento del nivel medio del mar.

Como una alternativa, recientemente se está proponiendo que sean los ecosistemas naturales como las playas y las dunas costeras las protejan a la costa contra la erosión. Además de la protección, esta opción favorece la purificación del agua al filtrarse en la arena, y por supuesto, ayuda a la protección de la biodiversidad.

Vía INECOL

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